Historia completa
Julia Cueto - Fundadora de IKIGAIBASED
Hola, soy Julia!
​
Y aunque hoy vivo alineada con mi propósito, durante muchos años sentí justo lo contrario.
Tenía un buen sueldo, estabilidad y un trabajo que, para muchos estaba muy bien (pero no para mi). Por fuera parecía que lo tenía todo; pero por dentro, yo sentía que no encajaba conmigo, y que no sacaba lo mejor de mí.
​
En mi cabeza me hacia siempre la misma pregunta, pero ¿qué es lo mío? ¿en qué me gustaría trabajar? Sin llegar a ninguna respuesta, hasta que eso cambió.

De pequeña nunca supe “qué quería ser”
Cuando me preguntaban ¿qué quieres ser de mayor?, yo me quedaba en blanco.
No tenía una vocación clara. Y aunque parecía una tontería o algo común con otras personas, me frustraba. Sentía que quienes la tenían iban por la vida con cierta ventaja.
​
Lo único que sí veía era una imagen: yo, de adulta, siendo una mujer empresaria.
Y con esa "referencia", estudié Derecho y ADE.
El piloto automático
Durante la carrera, y después de mi Erasmus, seguía sin tener ni idea de a qué quería dedicarme.
Así que tomé decisiones un poco por inercia… y terminé en el mundo de la Auditoría, una salida que “abría puertas”.
​
Abriría puertas, sí, pero ¿eran puertas que me acercaban a algo que me gustara de verdad? - Expoiler: NO
​
Estuve allí 3 años.Hasta que ya no pude más.
Tenía clarísimo que no era lo mío… pero, aun así, seguía sin saber qué era y optaba por la opción fácil, pero infeliz, seguir en lo conocido.
​
El problema era que nunca me había parado de verdad a pensar qué quería hacer, qué era lo que me gustaba (no por las salidas que tenía) si no porque yo disfrutaba hacerlo, a ser consciente de mis habilidades.
Iba viviendo en piloto automático, porque era más fácil.
​
Error.


Un pequeño gran “click”
Mi siguiente trabajo era de más calidad: mejor horario, mejor sueldo, gente con otra mentalidad.
Parecía “la opción lógica” para estar mejor.
​
Pero al cabo de un tiempo… volvió ese run run interno. Ese que aparece cuando sabes que no estás donde te gustaría.
​
Fue allí donde viví algo que me marcó: una formación de INSIGHTS con una especialista que nos hizo un test de personalidad muy profundo.
Me encanto cómo describía quién eras, cómo te relacionabas, qué necesitabas…
También me inspiró muchísimo la profesional que lo impartía.
Ese fue mi primer click real.
​
Por primera vez senti: ese trabajo encajaria conmigo mucho
Un cambio grande… que no cambió lo esencial
Pasaron dos años y pedí un traslado interno a Suiza, junto con un cambio de proyecto.
Yo pensaba que un nuevo entorno, un nuevo país y nuevas funciones darían sentido a todo.
​
Y sí, al principio me motivaba.
Pero pronto volvió lo de siempre: la sensación de que estaba aprendiendo, pero no realizando.


El momento decisivo
Un día, leyendo el libro de IKIGAI, algo se removió. Y decidí hacer lo que nunca había hecho: pararme y mirar hacia dentro.
​
Empecé a preguntarme:
-
¿Qué me hace feliz?
-
¿Qué se me da bien?
-
¿Qué necesita el mundo de mí?
-
¿Por qué siento este vacío?
​
Y por primera vez encontré respuestas.
​
​Me di cuenta de que lo que más me llenaba era ayudar a otras personas. Acompañarlas en su crecimiento personal, en el autoconocimiento y en ese proceso de mirar hacia dentro para convertirse en su mejor versión.
Vivir con propósito, liderar desde la autenticidad, escuchar de verdad, motivar e inspirar a otras mujeres a creer en sí mismas, a hacer lo que las hace felices y a atreverse a ir a por ello.
A aprovechar la vida con sentido y a construir una vida alineada con lo que realmente les llena.
​
Cosa que había hecho de forma natural a lo largo de mi vida con la gente que tenía cerca.
​
Y despues de ser consciente de ello… todo encajó.
Así nació IKIGAIBASED
Me di cuenta de que no era la única.
Que muchas mujeres viven sin claridad, sin dirección, sin un propósito que les haga sentirse vivas.
​
Y entendí que mi historia podía ayudar a más personas.
Que haber estado perdida tanto tiempo era, en realidad, mi mayor fortaleza y responsabilidad.
​
Hoy acompaño a personas que quieren encontrar su propio IKIGAI, como lo encontré yo.
Y ese es, precisamente, el mío.
